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Confesión de un Ex - abortista

(Extracto del Libro: La Mano de Dios)

Confesion Exabortista

José Arturo Quarracino
ARGENTINA

 

Bernard Nathanson, «Confesión de un ex abortista»
(Extracto del libro La Mano de Dios)

 

El Dr. Nathanson se convirtió al catolicismo y fue bautizado en 1996. A partir de entonces se convirtió en un ferviente defensor de la vida. Escribió libros y artículos y produjo videos pro-vida. Entre los más famosos se cuentan El Grito Silencioso (video) y La Mano de Dios (libro).


El Dr. Bernard Nathanson fue co-fundador en 1969 de la National Association for the Repeal of Abortion Laws (NARAL)[1], posteriormente nombrada como la National Abortion Rights Action League[2]. Fue también director del Centro para la Salud Sexual y Reproductiva, de Nueva York, en ese entonces la clínica abortista más grande del mundo. A fines de la década de los ’70 él comenzó a oponerse al aborto, hasta convertirse en un importante defensor de la vida, dando inicio a Abortion America y produciendo un video poderosamente impactante, El Grito Silencioso. El Dr. Nathanson fue profesor clínico asociado de Obstetricia y Ginecología en el New York Medical College e investigador visitante en la Universidad Vanderbilt.

 

Soy personalmente responsable de 75.000 abortos. Esto legitima mis credenciales para hablarles con autoridad a ustedes sobre el tema. Yo fui uno de los fundadores de la Asociación Nacional para Revocar las Leyes sobre el Aborto en Estados Unidos en 1968.

En ese entonces una encuesta confiable de opinión habría determinado que la mayoría de los norteamericanos estaban en contra de permitir el aborto. A pesar de ello, en 1973, 5 años después, habíamos conseguido que la Corte Suprema legalizara el aborto en Estados Unidos e instituyera virtualmente el aborto a petición hasta el momento del nacimiento. ¿Cómo lo conseguimos? Es importante comprender cuáles fueron las tácticas utilizadas, porque éstas han sido utilizadas con pequeñas diferencias en todo el mundo occidental, en orden a modificar las leyes sobre el aborto.


LA PRIMERA TÁCTICA CLAVE FUE APODERARNOS DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN.

Convencimos a los medios masivos de comunicación que la causa pro-aborto era una causa ilustradamente liberal y sofisticada. Al saber que si se efectuaba una encuesta confiable seríamos fuertemente derrotados, simplemente fabricamos los resultados de encuestas ficticias. Luego anunciábamos a los medios de comunicación que habíamos realizado encuestas y que el 60% de los norteamericanos estaba a favor del aborto. Ésta es la táctica de la mentira auto-cumplida. Pocas personas se toman el trabajo de estar en minoría. Despertamos suficiente simpatía para vender nuestro programa a favor del aborto, al inventar el número de abortos ilegales consumados anualmente en Estados Unidos. La cifra real era de 100.000 aproximadamente, pero la cifra que dimos reiteradamente a los medios fue de 1.000.000.  Repetir con muchísima frecuencia una mentira grande convence al público. El número de mujeres que morían anualmente por abortos ilegales oscilaba entre las 200 y las 250, pero la cifra con que continuamente alimentábamos a los medios era de 10.000. Estos falsos números arraigaron en la conciencia de los estadounidenses, convenciendo a muchos que necesitábamos golpear sobre las leyes en torno al aborto. Otro mito con el que alimentamos al público a través de los medios de comunicación era que legalizar el aborto solamente significaría que los abortos que se efectuaban ilegalmente se practicarían legalmente. De hecho, por supuesto, el aborto está siendo utilizado ahora como un método primario de control de natalidad en Estados Unidos y el número anual de abortos ha aumentado un 1.500% desde su legalización.


LA SEGUNDA TÁCTICA FUNDAMENTAL FUE JUGAR LA CARTA DEL ANTICATOLICISMO.

Vilipendiamos sistemáticamente a la Iglesia Católica y a sus “ideas socialmente retrógradas”, y escogimos a la jerarquía católica como el villano que se opone al aborto. Este tema fue ejecutado en forma incesante. Alimentamos a los medios de comunicación con mentiras tales como “sabemos que la oposición al aborto proviene de la jerarquía, no de la mayoría de los católicos” y que “las encuestas prueban una y otra vez que la mayoría de los católicos quieren reformar la ley sobre el aborto”. Y los medios de comunicación repiqueteaban todo esto en el pueblo estadounidense, persuadiéndolo que todo el que se opone a la despenalización del aborto debe estar bajo la influencia de la jerarquía católica y que los católicos a favor del aborto son inteligentes y progresistas. Una consecuencia de esa táctica fue que no hubo grupos no-católicos que se opusieran al aborto. El hecho que otros cristianos, así como las religiones no-cristianas, se opusieran (y todavía lo hacen) monolíticamente al aborto fue constantemente silenciado, junto con las opiniones pro-vida de los ateos.

LA TERCERA TÁCTICA CLAVE FUE LA DENIGRACIÓN O SUPRESIÓN DE TODA LA EVIDENCIA CIENTÍFICA QUE LA VIDA COMIENZA EN LA CONCEPCIÓN.

Frecuentemente me preguntan qué es lo que me hizo cambiar de opinión. ¿Cómo pasé de ser un destacado abortista a un abogado pro-vida?

En 1973 llegué a ser Director de Obstetricia en un gran hospital en la ciudad de Nueva York, y tuve que iniciar una unidad de investigación perinatal, justamente al comenzar el desarrollo de una gran y nueva tecnología que ahora utilizamos diariamente para estudiar el feto en el útero materno. Una táctica favorita pro-aborto es insistir que es imposible definir cuándo comienza la vida; que ésta es una cuestión teológica, moral o filosófica, no una cuestión científica. Pero la fetología hace innegablemente evidente que la vida comienza en la concepción y que requiere toda la protección y salvaguardia de la que cualquiera de nosotros goza.

Ustedes bien podrían preguntar: ¿por qué algunos médicos, que están al tanto de los descubrimientos de la fetología, se desacreditan practicando abortos? Es una cuestión de aritmética simple: a 300 dólares cada uno, un millón quinientos cincuenta mil (1.550.000) abortos implican una industria que genera anualmente 500 millones de dólares, de los cuales la mayor parte va a los bolsillos de los médicos que practican el aborto. Es claro que el aborto voluntario es una destrucción decidida de lo que es indudablemente una vida humana. Es un acto inadmisible de violencia mortal.

Se debe conceder que un embarazo no planificado es un dilema desgarrador y difícil, pero buscar su solución en un acto deliberado de destrucción es destrozar la vasta inventiva del ingenio humano, y subordinar el bien público a una respuesta tradicionalmente utilitaria de los problemas sociales.

 

COMO CIENTÍFICO, YO SÉ -NO ES QUE LO CREA- SÉ QUE LA VIDA HUMANA COMIENZA EN LA CONCEPCIÓN.

Aunque no soy un hombre formalmente religioso, creo con todo mi corazón que hay un Ser divino que nos manda poner un punto final e irreversible a este crimen infinitamente triste y vergonzoso contra la humanidad.

Dr. Bernard Nathanson

Publicado originalmente en inglés en http://www.aboutabortions.com/DrNathan.html

Traducción por: José Arturo Quarracino

 

[1] National Association for the Repeal of the Abortion Laws (NARAL).

[2] Liga de Acción Nacional por el Derecho al Aborto.

1961